Los Bears, miembros fundadores de la NFL y parte de la liga desde 1920, necesitaron más de un siglo para conseguir algo que ahora parece rutina bajo la dirección de Ben Johnson. En toda la historia de la franquicia, Chicago solamente ha disputado dos partidos con al menos 250 yardas por pase y 250 por tierra. Ambos ocurrieron con Johnson al frente de la ofensiva.

En las inmortales palabras de Dennis Green: “Los Bears son quienes creíamos que eran”. Solo que esta versión ya no vive de la defensa y los equipos especiales que inspiraron aquella frase en 2006. Estos Bears son una ofensiva con una ambición casi insolente, construida para atacar hasta el final y decidida a respaldar con puntos cada expectativa que su entrenador ha colocado sobre ella.

Chicago esperó ocho meses para volver a disputar un partido oficial y necesitó una sola tarde para alterar nuevamente los libros de récords. La victoria 59-37 sobre los Carolina Panthers produjo 96 puntos combinados, la mayor cantidad registrada en un partido de Semana 1 en la historia de la NFL. Los Bears también establecieron un récord de la franquicia para un juego inaugural y superaron los 50 puntos por primera vez desde 2012.

Fue una exhibición ofensiva extraordinaria: 552 yardas totales, ocho touchdowns y 291 yardas por tierra. Caleb Williams participó en cuatro anotaciones, D’Andre Swift consiguió tres y Kyle Monangai aportó la jugada que rompió definitivamente el partido.

Pero el marcador también contiene una advertencia. Carolina produjo 478 yardas y mantuvo el encuentro empatado hasta bien avanzado el tercer cuarto. La ofensiva mostró nivel de contendiente; la defensa dejó suficiente trabajo para llenar la semana previa al duelo divisional contra Minnesota.

Caleb Williams jugó con control y explosividad

Williams terminó con 269 yardas y dos touchdowns por pase, además de 65 yardas y dos anotaciones terrestres. Generó 334 yardas, registró un índice de pasador de 124.1 y, sobre todo, pareció cómodo tomando decisiones dentro y fuera de la estructura ofensiva.

Su pase de touchdown de 22 yardas a Cole Kmet cayó entre dos defensores en un espacio mínimo. Antes de esa anotación, una escapada de Williams había permitido que Rome Odunze realizara una espectacular recepción de 47 yardas sobre la cobertura. Poco antes del descanso, el quarterback recorrió 29 yardas para colocar a Chicago arriba 31-24.

“Así es como queremos vernos cada semana. Pero esto no sucede por casualidad: se construye durante el campamento, en las actividades de primavera y con la preparación de cada semana”.

Caleb Williams

La actuación no fue perfecta. Williams fue detenido en un intento de cuarta y una desde su propia yarda 21, una decisión agresiva de Ben Johnson que entregó a Carolina un campo corto y facilitó el empate 21-21. Chicago también perdió el balón en su tercera jugada, cuando Luther Burden III recibió un golpe de Bobby Okereke.

La diferencia fue la respuesta. Williams no intentó compensar los errores convirtiendo cada jugada en una hazaña. Utilizó sus pases de seguridad, escapó cuando el espacio apareció y mantuvo el control cuando el partido amenazaba con convertirse en caos.

Swift y Monangai destruyeron a Carolina por tierra

El relato estadístico del partido no termina con el quarterback. Los Bears corrieron para 291 yardas y seis touchdowns, una producción construida por toda la ofensiva y encabezada por sus dos corredores principales.

D’Andre Swift, apenas días después de acordar una extensión de tres temporadas y 33.75 millones de dólares, respondió con 124 yardas y tres touchdowns en 18 acarreos. Abrió el partido con una carrera de 32 yardas y lo cerró con una anotación de 28 que fijó el marcador definitivo.

Kyle Monangai sumó 100 yardas y un touchdown en diez intentos. Su momento llegó con Chicago arriba 38-31: un acarreo por el centro se convirtió en una escapada de 61 yardas que cambió la temperatura del partido.

“Fue un golpe que cambió el impulso. Cuando estás cerca del medio campo y recibes una carrera cuesta abajo de 61 yardas, eso resulta devastador para una defensiva”.

Caleb Williams sobre la anotación de Monangai

Williams señaló esa jugada como su favorita porque reunió lo que Johnson quiere de su ofensiva: desplazamiento en la línea, bloqueos de receptores y un corredor atacando verticalmente. No fue solamente velocidad. Fue ejecución colectiva.

“La historia del partido terminó siendo el juego terrestre. Hay que reconocer a la línea ofensiva, pero fue un esfuerzo colectivo: las alas cerradas y los receptores también bloquearon con enorme intensidad”.

Ben Johnson

Del 31-31 a una avalancha de 21 puntos

Carolina no fue dominada desde el inicio. El partido estuvo empatado cuatro veces: 7-7, 21-21, 24-24 y 31-31. Bryce Young respondió con pases profundos y los Panthers aprovecharon los errores de Chicago para mantenerse en la pelea.

La ruptura llegó durante un tramo de siete minutos y 38 segundos entre el tercer y el cuarto periodo. Los Bears anotaron touchdowns en tres posesiones consecutivas:

  1. Una infracción por rudeza contra el pasador cometida por Derrick Brown convirtió una tercera y 20 en primero y diez. Swift terminó la serie con una carrera de una yarda.
  2. Carolina falló una cuarta oportunidad cerca del medio campo. En la siguiente jugada, Monangai recorrió 61 yardas hasta la zona de anotación.
  3. Tetairoa McMillan perdió el balón en territorio de los Panthers. Williams respondió con un pase de una yarda a Jahdae Walker para ampliar la ventaja a 52-31.

Los errores de Carolina pesaron. Los Panthers terminaron con 11 castigos para 84 yardas, sufrieron dos touchdowns anulados por interferencia ofensiva y vieron desaparecer una intercepción de Bobby Brown III por un fuera de lugar de Derrick Brown.

Chicago hizo lo que deben hacer los buenos equipos: convirtió los errores del rival en puntos.

Una ofensiva histórica no puede ocultar 478 yardas permitidas

Celebrar 59 puntos es obligatorio. Ignorar los 37 recibidos sería irresponsable.

Bryce Young completó 23 de 37 pases para 361 yardas, tres touchdowns y una intercepción. Jalen Coker castigó a la secundaria con ocho recepciones, 138 yardas y dos anotaciones, incluida una conexión de 51 yardas. Carolina produjo 55 puntos combinados con Chicago durante la primera mitad, igualando la mayor cifra para una mitad de cualquier partido de la NFL desde 2000.

La secundaria de Dennis Allen continúa en proceso de reorganización. Kyler Gordon y Coby Bryant permanecen fuera, Jaylon Johnson está de regreso pero todavía debe recuperar ritmo competitivo, y varias responsabilidades importantes recaen sobre jugadores jóvenes o recién llegados.

Hubo respuestas positivas. Malik Muhammad II consiguió una intercepción a cinco segundos del descanso y mostró la capacidad de cerrar sobre el balón que llamó la atención durante el verano. Montez Sweat logró una captura en tercera oportunidad y la defensiva generó el cambio de posesión que precedió al touchdown largo de Monangai.

Sin embargo, la presión fue intermitente y las coberturas concedieron demasiadas jugadas explosivas. La defensa no necesita igualar la producción de una ofensiva que acaba de anotar 59 puntos, pero sí debe evitar que cada partido se convierta en una competencia para llegar a 40.

Equipos especiales también cambiaron el partido

Con el marcador 21-21, Tory Taylor ejecutó un despeje con efecto lateral que Jimmy Horn Jr. no pudo controlar. Kaden Davis recuperó el balón en la yarda 28 de Carolina y Cairo Santos convirtió un gol de campo de 40 yardas.

La ofensiva no consiguió capitalizar con siete puntos, pero la jugada detuvo el impulso de los Panthers y devolvió la ventaja a Chicago. En una tarde dominada por las estadísticas ofensivas, ese cambio de posición de campo puede perderse con facilidad. No debería.

El apunte del cronista: una declaración, no una coronación

Anotar 59 puntos en el primer partido cambia la conversación alrededor de los Bears. La línea ofensiva abrió espacios, el dúo de corredores justificó la confianza del cuerpo técnico y Williams combinó creatividad con control. Por una tarde, el ataque de Ben Johnson se acercó al estándar desmesurado que su entrenador ha establecido públicamente.

Pero una exhibición no convierte a nadie en MVP ni entrega boletos anticipados al Super Bowl. Chicago permitió 478 yardas, concedió 37 puntos y necesitó tres errores graves de Carolina para transformar un empate en una victoria amplia.

Las dos cosas pueden ser ciertas: la ofensiva fue excepcional y la defensa fue preocupante.

La mejor noticia es que Williams no necesitó una remontada milagrosa. Controló el partido cuando llegó el momento de separarse y permitió que el juego terrestre terminara el trabajo. Ese es precisamente el crecimiento que los Bears necesitaban ver.

La próxima prueba será distinta y probablemente menos indulgente. El domingo 20 de septiembre, Chicago recibirá a los Minnesota Vikings en Soldier Field para iniciar su calendario divisional.

Los Bears ya demostraron que pueden encender el marcador. Ahora deberán probar que también pueden apagar al rival.

Bear Down.