Los gritos de Caleb Williams enmudecieron, no sólo a los presentes en el Soldier Field durante el partido de los Chicago Bears frente a los Minnesota Vikings. Nos cerró la boca a todos los fanáticos que veíamos, casi con horror, que podríamos enfrentarnos a una temporada sin nuestro Quarterback franquicia y por ende, a otra campaña de migajas y golpes de pecho por nuestra mala suerte.

Por fortuna, la lesión no fue seria y el egresado de USC, sólo pasará algunos partidos inactivo hasta que los doctores lo den de alta. Hasta ahí, la cosa no iba tan mal, pero entonces habría que enfrentar algunos duelos echando mano de los mariscales suplentes y pocos vieron con desazón que Tyson Bagent tomara los controles mientras tanto, pero después vino otro golpe: el salido de las filas de Shepherd tampoco estaba listo, así que no había más que mirar hasta lo más profundo del roster y equipar a Case Keenum con todo y sus 38 años. El cielo se cerraba una vez más para los Bears, pero no.

Llegó el Monday Night Football y el rival no era poca cosa: los Philadelphia Eagles, que si bien habían dejado muchas dudas con todo y su marca de 2-0, no serían cosa fácil para los dirigidos por Ben Johnson.

Keenum se vio en el partido del lunes por la noche, cual si fuera un pez nadando en sus propias aguas: confiado, preciso y concentrado al máximo, a pesar de que la defensiva de la tropa de Nick Sirianni diseñó un plan para atacarlo, incomodarlo y dejarlo de ser posible, en los puros huesos. Oh ilusos.

Ben Johnson sabía que establecer el ataque terrestre era clave para que los Bears le quitaran presión a su mariscal y hacerlo lanzar únicamente cuando fuera necesario, pero Keenum lanzó el balón con confianza y nunca se le vio dubitativo, por el contrario, con el paso de los minutos era tal su control de la situación que, cuando hubo que retar a la defensiva secundaria de los Eagles, éstos no pudieron detenerlo.

Queda claro que Caleb Williams tomará el control de la ofensiva tan pronto tenga luz verde para volver al campo, pero mientras eso ocurre, Keenum demostró que tiene los tamaños para comandar la ofensiva de los Bears por los siguientes dos partidos al menos, sin que nosotros, los fans tengamos que pedir uñas prestadas para morderlas de los nervios.

Si bien el duelo de la semana 4 contra los NY Jets, en el papel parece un cheque al portador, nuestros Bears no deben confiarse y mantener la tónica y el plan de juego que Ben Johnson (a quien por cierto, cada vez le salen más emotivos los “Good, Better, Best”), ha diseñado con sus mariscales suplentes, el cual fue, al menos la noche del pasado 28 de septiembre, magistral y planeado casi milimétricamente.

Para quienes seguimos el partido por la cadena ESPN, Pablo Viruega, quien estuvo en la transmisión, destacó cuanto pudo, la planeación previa del partido por parte del staff de coaches de los de Chicago, con el fin de darle armas a Keenum y no cargarle el equipo a sus espaldas.

Eso sí, también del otro lado del balón hay historias dignas de destacar. Mientras que en la semana 1, los Carolina Panthers anotaron 37 puntos, en las dos últimas semanas los Bears han recibido apenas 16 unidades y por si fuera poco, dejaron en blanco a los Eagles el lunes pasado, lo cual es una proeza absoluta si tomamos en cuenta el poder ofensivo de los de Philadelphia.

Dennis Allen, el coordinador defensivo de los Bears ha hecho los ajustes necesarios para que Chicago tenga una defensiva efectiva, golpeadora (saludos de parte de D’Marco Jackson, querido Jalen Hurts) y que, como en 2025, sabe asestar una jugada grande a la hora buena.

En resumen: tras la lesión de Caleb Williams, las cosas no son tan malas como parecen en Chicago. Hay mariscales listos para dar la cara; hay defensiva, hay ataque terrestre, hay manos seguras atrapando pases y hay gente con amplia visión en el staff de coacheo. Todos estamos bien, así que tómalo con calma, Caleb.

Por Gil Padilla